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Editorial: Supersociedades campeona en Transparencia
El ejercicio de sus funciones se ha caracterizado por enorme eficiencia y honestidad. Tanto lo uno como lo otro ha sido comprobado reiteradamente en las diversas mediciones que se hacen en el país.
Superintendente de sociedades

​Foto por: Supersociedades

Categoría: Economía
Fecha del artículo: 08/08/2018
 
La Superintendencia de Sociedades se encamina con paso firme a la celebración de sus 80 años en 2019. Y aunque son ocho décadas de existencia, la creación de la entidad es aún más antigua. La entonces denominada Superintendencia de Sociedades Anónimas, fue instituida como una sección comercial dependiente del gobierno, “encargada de la ejecución de las leyes y decretos que se relacionen con las sociedades anónimas”. La filosofía subyacente en la Ley 58 de 1931 fue la de proteger los intereses de accionistas minoritarios y terceros contra los abusos frecuentes en las sociedades anónimas, así como la extendida percepción de desconfianza y recelo con respecto a esta forma asociativa. En la ponencia respectiva, el congresista José Camacho Carreño afirmó cómo “entre noso­tros es proverbial el menosprecio por las compañías, y todos tenemos múltiples ejemplos ilustrativos, tomados de la vida real y diaria, para probar que es un atentado contra el patrimonio propio el poner nuestros bienes en sociedad, porque esta palabra es equivalente de pérdida, fracaso y estafa”. Con todo, presiones de diversa índole retrasaron la puesta en marcha del organismo de fiscalización.  La Ley 58 fue atacada por los empresarios quienes lograron que se suspendiera indefinidamente su puesta en operación. Por ello fue por lo que la Superintendencia sólo pudo iniciar actividades a finales de 1939. El primer superintendente, Manuel José Vargas, reiteró los propósitos fundamentales de la inspección gubernamental, consistentes en desper­tar la confianza pública para invertir en esta clase de sociedades, ofrecer a los terceros seguridad y dar “una especial movilidad al capital por la ventaja que se pueda dar a los títulos negociables en las bolsas o en los mercados ­públicos”.

 

Aunque muchas cosas han cambiado en Colombia desde la creación de la entidad en la primera mitad del Siglo XX, el espíritu de sus fundadores se ha mantenido incólume. El paso del tiempo ha significado, más bien, el incremento paulatino de las funciones atribuidas a la entidad y con ellas, la creciente importancia de la Superintendencia en el ámbito económico nacional.


El último cuatrienio coincide con algunas de las más importantes transformaciones que ha experimentado la Superintendencia. No sólo se han fortalecido todas las competencias administrativas y jurisdiccionales, sino que también se han incorporado al ámbito de acción de la entidad, atribuciones relativas a la prevención del lavado de activos y la financiación del terrorismo. Así mismo, se han puesto en marcha las importantes facultades en materia de detección y sanción de las prácticas de soborno internacional.


Todo este acervo de funciones ha permitido que en las cuatro “Delegaturas” de la Superintendencia (Inspección, Vigilancia y Control, Insolvencia, Procedimientos Mercantiles y Análisis Económico y Contable) se despliegue una labor muy beneficiosa para el sector empresarial colombiano.


El ejercicio de estas funciones se ha caracterizado por enorme eficiencia y honestidad. Tanto lo uno como lo otro ha sido comprobado reiteradamente en las diversas mediciones que se hacen en el país. Así, tanto en las encuestas empresariales, como en las mediciones de gestión y en los índices de honestidad, la entidad registra las más altas calificaciones. En particular, es digno de mención el hecho de que la Superintendencia de Sociedades ha ocupado en las dos últimas mediciones anuales de la Corporación Transparencia por Colombia el primer lugar en el índice de transparencia de entidades públicas.


 Todos ellos son logros muy considerables que no serían posibles sin la dedicación y la abnegada entrega de los casi 600 funcionarios de la entidad. Su profesionalismo y profundo conocimiento de las labores que se cumplen en la entidad son la materia prima sobre la que se construye la solidez institucional de la Superintendencia de Sociedades.


Otro aniversario más en la vida de esta entidad, marcará sin duda, un verdadero hito en la historia empresarial de Colombia. Los temores que hace más de 80 años albergaban los empresarios sobre la creación de la Superintendencia han quedado para siempre disipados ante el valioso aporte que esta benemérita institución le hace a la vida económica del país.


Francisco Reyes Villamizar

Superintendente de Sociedades